Nací en Argamasilla de Alba (provincia de Ciudad Real, España) el 17 de mayo de 1952. Me trasladé a vivir a Madrid con mi familia en 1970 y desde 1978 vivo en Benidorm, aunque eventualmente he vuelto a residir en Madrid en diversas ocasiones.

He viajado por el Reino Unido, Marruecos, Italia y Estados Unidos, país del que me considero también ciudadano, sentimental y culturalmente, y donde tengo algunos de mis mejores amigos.

Descubrí mi vocación de escritor siendo un niño, gracias sobre todo a un profesor al que admiraba mucho, llamado Pascual-Antonio Beño Galiana, gran poeta y dramaturgo manchego (1932-2008). Pero yo escribo despacio, corrijo mucho y destruyo todo lo que no me gusta, por eso he publicado tan poco.

No soy un escritor mediático y no me gusta hablar en público. Es por ello por lo que ni siquiera he presentado o promocionado algunos de mis libros.

No me interesa la fama. Prefiero pasar desapercibido. Dos veces fui entrevistado en la TV y otras dos veces en la radio y decidí no volver a salir nunca más en esos medios. De haber tenido éxito con mis libros, me habría apartado del mundo como hizo J.D. Salinger.

No deseo ni necesito honores, homenajes ni prebendas.

Tampoco me gustan el lujo ni las riquezas.

Soy una persona sencilla y modesta que disfruta con las pequeñas cosas de la vida.

No soporto a los pedantes ni a los engreídos. Tampoco a los prepotentes que se creen poseedores de la verdad absoluta.

Soy ateo.

Prefiero madrugar a trasnochar.

Me gusta el té muy caliente y sin azúcar.

Nunca he conducido un coche.

Estoy en contra de las corridas de toros.

Adoro a Jack London.

No fumo.

Soy alérgico al polen de los olivos.

No celebro mi cumpleaños.

No tengo whatsapp.

No me gustan Picasso ni El Greco.

No soporto la ópera.

Admiro a los británicos.

Prefiero leer un libro impreso antes que un e-book.

No me gusta hablar de literatura.

Creo que el mundo literario español es tan corrupto y deshonesto como el político.

Me encanta la cerveza.

Adoro el buen vino.

He cometido muchos errores en mi vida, pero creo que, si volviera a nacer, los cometería de nuevo.

No soporto los malos modales.

Reconozco mi torpeza congénita para las relaciones sociales.

Me considero un perdedor (pero no culpo a nadie de ello, sólo a mí mismo).

Si quieres saber algo más sobre mi vida (o sobre mi forma de ver la vida) puedes leer mi autobiografía, Escrito en el agua, donde me sinceré quizá más de lo que debía.